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Que se paren las rotativas

 

¡Qué se paren las rotativas! ¡El inventazo! ¡El SEMÁFORO DE RIESGO! La “reciente” orden ministerial sobre la clasificación de productos financieros no es más que otra “genial” idea normativa. El gran debate: clasificarlos a través de números o de colores. Bien, pues aún se plantea la unificación de las dos formas distintas de clasificación: la elaborada por las entidades (del 1 al 6 según el riesgo) y la que elabora la CNMV, con un rango del 1 al 7. Lógicamente dentro de la industria se considera lógico que se unifiquen estos sistemas de una vez.


Por otro lado, está muy bien que se haga una clasificación según el riesgo, aunque más importante, creo yo, es que a los clientes se les provea de una mayor información (entendible por el cliente) de los riesgos en los que incurren al contratar un producto financiero y la posibilidad de rentabilidad de los mismos. Hay que entender que lo normal es que los clientes no sepan mucho de las características de los productos, porque además, desde siempre, se ha querido crear un velo, para darle un carácter “complicado”, y así poder tener al cliente cautivo. Además, existe el problema de que la clasificación de los productos varía según la opinión de cada gestora, si su política es más o menos arriesgada.

Vivimos en un momento en que la información disponible es enorme, pero el problema sigue siendo la toma de la decisión final. Hace años un depósito podía darte un 4% anual, estando ahora en torno a un 0,2%, si acaso. Lógicamente muchos inversores están buscando nuevas alternativas de inversión que les puedan dar rentabilidades “como las de antes”. Hay otro aspecto donde caben mejoras en el sector: que los intereses del cliente y del comercializador sean los mismos.

También está el tema de las nuevas fintech, los roboadvisors o gestores automatizados. Como es lógico, dentro de la industria hay posturas muy dispares: algunos acérrimos defensores de las nuevas tecnologías, y otros que piensan que no son incompatibles, pero que hace falta la mano de un asesor que esté al lado del cliente en los buenos y malos momentos de los mercados.

Además, por lo que parece, el target de este tipo de productos son los millenials: jóvenes que van desde los que comienzan ahora su carrera profesional, hasta los 35 años aproximadamente y que no parece que vayan a amasar grandes patrimonios a lo largo de su vida. ¿Tiene sentido que cedan sus ahorros a la arbitrariedad de un robot? Sin embargo, los millenials tienen sentido para los gestores automatizados porque realmente han pisado pocas veces una sucursal y están acostumbrados desde el principio a la banca online.

No hay que menospreciar a este conjunto de la población, que según estimaciones, son responsables del 50% del consumo mundial, que por definición suelen ser personas faltas de compromisos, “ansiosas” y con unos patrones de consumo muy distintos a los de su generación precedente.

No tendría sentido que un algoritmo sustituyera a una persona, por mucho que tuviera la capacidad de analizar millones de variables. La tecnología es un medio, y no un fin. ¿Cuál es la masa crítica de este tipo de productos, ahora que los usuarios tienen más conocimientos financieros y tecnológicos?

Cuando hay una recomendación de un producto (bono, acción, fondo de inversión…), ya sea una persona o un algoritmo quien lo elija, en Sotavento Consultores analizamos todo el contexto y siempre nos preguntamos: ¿tiene "sentido" comprarlo?

Surgen otras dudas sobre el tema de la protección de datos. Las fintech son en principio gratuitas, ¿qué pasará cuando sean de pago? Además, si falla el algoritmo, ¿hay legislación escrita sobre estos temas? Al final, estos servicios por el momento vienen muy bien para recortar gastos en todos los procesos automatizables (como el envío del test de idoneidad cada año para que lo rellene el cliente…). Los defensores del fintech, además, argumentan que la hora de asesoramiento a un cliente no compensa salvo que disponga de un patrimonio importante.

Pues bien, aunque la automatización puede llegar a ser buena para las entidades por el ahorro en costes, los robots no son capaces de formar a los clientes (como dice Warren Buffet: no hay que invertir en lo que uno no conoce), y este debería ser un punto crucial en el trato con ellos. El talento no se puede sustituir con la tecnología.

 

La cuestión está en utilizar el Big Data para tener un mejor conocimiento de los clientes. Sin embargo, no hay que perder de vista que existen 15.000 fintechs en el mundo, que en España hay 120 y que para final de 2016 se espera que haya... ¿200?

 

Álvaro López-Riñón

Analista Jefe

Sotavento Consultores

 

Este artículo no constituye ningún tipo de asesoramiento sobre inversiones. Ha sido elaborado por Sotavento Consultores SLU. No contiene ni una oferta, ni una propuesta para una transacción sobre ningún instrumento financiero, sino un análisis de los mercados. Sotavento Consultores no acepta responsabilidad alguna por ningún uso que el destinatario de esto artículo pueda hacer de estos comentarios ni de las consecuencias que puedan derivar de dicho uso. No se garantiza la exactitud ni la completitud de la información. Por consiguiente, cualquier persona que actúe guiada por este artículo lo hace enteramente bajo su propio riesgo. La opinión proporcionada no está personalizada ni relacionada con ningún objetivo específico de inversiones, ni con ninguna situación financiera, ni las necesidades de ninguna persona física que pueda recibirla. No se ha elaborado de acuerdo a los requisitos legales designados para proporcionar la independencia de los análisis/informes de inversión y, por tanto, se considera una comunicación publicitaria.

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